Si está cansado del mensaje político, no está solo.

Es por eso que el mensaje político que también es entretenido destaca. Steve Hilton, el candidato republicano a gobernador de California, causó revuelo esta semana —obviamente lo que se supone que debe hacer un anuncio político— con un comercial de televisión sugerente y queer en el que una mujer toma con confianza la mano de otra mujer fuera de cámara.

“Es que nunca había hecho algo como esto antes... ¿y si mi papá se entera?”, dice una de ellas, nerviosa. Luego: “Creo que me gustó”. La cámara se desplaza hacia abajo para mostrar la cama en la que están sentadas, y donde ha llenado el círculo de la balota electoral por Hilton.

Hubo una atención mediática rápida y furiosa sobre el anuncio, el cual tiene un alto contenido de insinuaciones sexuales. Fue descartado por compañeros republicanos como “raro”, “escalofriante” y “perturbador”. (Sí, estamos en 2026 y la energía lésbica sutil todavía es radiactiva).

Pensé que era un anuncio astuto, y demostrativo de algo más grande: la manera en que nuestra política se ha vuelto tan tribal, y que el enfoque está quizás menos en las políticas públicas que en si un votante puede alejarse de su tribu. El anuncio de Hilton parece tener la intención de alentar a los votantes jóvenes y a los votantes queer de que está bien romper con el Partido Demócrata.

Del 1 de enero al 19 de septiembre de este año, la campaña de Hilton recaudó $21.3 millones para contar esa historia, no muy por detrás de los $29.7 millones del demócrata Xavier Becerra.

Estas son sumas enormes, y cada ciclo electoral leo de cerca la publicidad que me llega, con curiosidad por ver qué mensaje intentan promover las campañas. Y pienso en qué otra cosa podríamos hacer con ese dinero —en el caso de esta contienda por la gubernatura, $51 millones y contando.

Las sumas son más pequeñas en las elecciones locales, pero para la población que intentan alcanzar, el gasto de campaña es bastante sorprendente. La redactora Celia Jiménez informa esta semana (ver historia, pág. 12) sobre la amplia disparidad de recaudación de fondos en Salinas a favor y en contra de la Medida H, que derogaría la estabilización de rentas y otras tres ordenanzas de protección a inquilinos. El lado del sí, respaldado por propietarios y administradores de inmuebles, ha recaudado $729,228, en comparación con el lado de los derechos de los inquilinos con $79,933 —suficiente combinado para comprarle una casa muy bonita a alguien, incluso en este mercado.

También hay elecciones donde el flujo de dinero ha sido lento, haciendo que las amplias disparidades sean impactantes. En la única contienda disputada por un puesto en la junta directiva de Salinas Valley Health, la titular Catherine Carson no reporta recaudación de fondos este año. El aspirante James Dacus no había recaudado nada hasta hace un par de semanas, y en solo dos semanas desde el 24 de septiembre, reporta haber recaudado al menos $35,500. (Para seguir con mi metáfora de la Medida H, imagínese saldar la deuda médica de alguien con esa suma).

Este dinero les da a los candidatos un megáfono, ayudándoles a comprar visibilidad. Una cosa que me encanta de la política local es que usted como habitante puede conocer a los candidatos cara a cara —puede que toquen a su puerta, o usted puede asistir a un foro. Si vienen a tocar y usted no está en casa, cuesta dinero dejar un volante para la puerta con unos cuantos puntos clave.

Por supuesto, las campañas pueden usar su dinero para llegar a cualquier audiencia que deseen y compartir cualquier mensaje que deseen (ver arriba el comercial sugerente e insinuante de Steve Hilton). Pero quién está financiando cuenta su propia historia sobre sus valores. Como me dijo recientemente el representante estadounidense Jimmy Panetta, demócrata de Carmel Valley: “Los donantes que aportan a mi campaña se identifican con los valores del Distrito Congresional 19 de California, yo no me identifico con los de ellos”.

Siguiendo esa lógica, a menudo se pueden ver dos conjuntos de valores formándose alrededor de los candidatos locales, uno de tendencia derechista y otro de tendencia izquierdista (este último un fenómeno más reciente, gracias a serios esfuerzos de organización y recaudación de fondos). Progress Monterey County, un PAC de tendencia izquierdista, ha gastado $32,000 en lo que va del año, contribuyendo recientemente a las campañas de Kim Barber, Alec Manas y Tyller Williamson en Monterey, Annalisa Mitchell y Lacey Raak en Seaside, y Daniel Muñoz, Cary Swensen y Andrew Sandoval en Salinas.

El Salinas Valley Leadership Group, de tendencia derechista, ha gastado $36,000 en un grupo competidor de candidatos, incluidos Margaret D’Arrigo, Irma López y Dennis Donohue en Salinas.

Por supuesto, independientemente de lo que gasten y de la tribu en la que crean que usted está o no, todo depende de los votantes el 3 de noviembre.

SARA RUBIN es la editora del Weekly. Contáctela en sara@montereycountynow.com.

Por debajo de todo, las campañas son máquinas de recaudación de fondos.

 

 

(0) comments

Welcome to the discussion.

Keep it Clean. Please avoid obscene, vulgar, lewd, racist or sexually-oriented language.
PLEASE TURN OFF YOUR CAPS LOCK.
Don't Threaten. Threats of harming another person will not be tolerated.
Be Truthful. Don't knowingly lie about anyone or anything.
Be Nice. No racism, sexism or any sort of -ism that is degrading to another person.
Be Proactive. Use the 'Report' link on each comment to let us know of abusive posts.
Share with Us. We'd love to hear eyewitness accounts, the history behind an article.