A principios de año, una ola de calor sin precedentes azotó a California, transformando el invierno en verano en pleno enero y aumentando a lo largo de febrero y marzo. La gente acudió a las playas mientras las temperaturas en el Valle de Salinas alcanzaron hasta 94 grados Fahrenheit, según datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica.
Sabrine Rodems, fundadora de Scratch Wines, una vinatería en Soledad, y vinicultora en Wrath Wines, notó algo interesante en sus uvas. El desborre o brotación —el momento glorioso en que las yemas de la vid abren y sueltan el brote verde— se adelantó. Por lo general, la brotación ocurre durante la primavera, marcando el inicio del ciclo anual de desarrollo de la planta.
“Para el Cuatro de Julio, por lo general las uvas ya tienen color. Este año, empezaron a pintar desde junio”, señala Rodems. “Ese calorcito de febrero y marzo fue lo que arrancó todo”.
El Sauvignon Blanc, que normalmente se pizca alrededor del Día del Trabajo (Labor Day), se cosechó una o dos semanas antes este año. El Pinot Noir, que suele recogerse en la segunda o tercera semana de septiembre, se pizcó a finales de agosto.
Para octubre, los vinicultores normalmente están cosechando Syrah, Garnacha y Cabernet Sauvignon. Este año, esas variedades ya están pizcadas por completo; ahora ella y su cuadrilla están enfocadas en las labores de limpieza.
A lo largo del condado de Monterey —y en gran parte de California— los productores de vino vivieron una situación similar. La ola de calor llegó y se fue, estimuló a las parras a producir y desató un efecto dominó que adelantó la temporada de cosecha.
Los impactos variaron según la zona; el Valle de Carmel, por lo general, resultó menos afectado. La medida en que cada vinicultor se vio impactado dependió en parte de qué tan preparados estaban para un arranque temprano.
Para Denis Hoey, vinicultor de Odonata Wines en el Valle de Salinas, la pisca comenzó casi un mes antes que en 2025, realizando el primer corte el 23 de julio. Hoey comenta que fue la pisca inicial más temprana en sus más de dos décadas en este oficio, coincidiendo de forma imprevista con el embotellado de añadas anteriores, el cual arrancó el 26 de julio.
“Sabía que se iba a adelantar, pero no tanto”, dice Hoey, agregando que su equipo de trabajo son solo él y otra persona. “Estaba bastante presionado por eso, pero al final todo salió bien”.
En cuanto a la logística, la cosecha temprana fue un verdadero malabarismo. Productores como Hoey tuvieron que equilibrar la pisca de la fruta con la preparación, filtrado y embotellado de los vinos maduros, todo mientras le dedicaban a cada proceso la atención necesaria.
Afortunadamente, las condiciones del clima a lo largo del año favorecieron la calidad de la uva. Muchos se refieren al tiempo en la vid (hang time) —el periodo que la uva pasa colgada en la parra— como un indicador clave de calidad, sobre todo para varietales como el Cabernet Sauvignon, donde los frutos necesitan desarrollar taninos.
Tanto Hoey como Rodems recalcan que la pisca temprana de este año no significó forzosamente un menor tiempo de maduración en la parra, sino un ciclo vegetativo que simplemente se recorrió hacia adelante.
“Tuvimos la brotación temprano”, explica Hoey. “El tiempo transcurrido en sí no cambia desde la brotación hasta la floración y el envero; estamos hablando de una diferencia de acaso una semana”.
El tiempo en la parra por sí solo no basta para determinar la calidad del vino, por lo que los productores recopilan diversos datos mediante análisis de laboratorio y catas para evaluar el avance de la maduración. Se mide el pH para checar la acidez; los grados “Brix” miden el porcentaje de azúcar por peso. Los vinicultores usan esto para revisar la madurez y calcular el grado de alcohol final.
Sin embargo, hay un método menos científico.
“Tras 23 años elaborando vino, me meto [las uvas] a la boca. Ese es el mejor indicador de madurez”, comenta Rodems. “El 2021 y el 2023 se me hicieron excelentes… y creo que el 2026 va a ser una cosecha excepcional”.
Aunque la ola de calor temprana aceleró el ciclo de desarrollo, las condiciones durante el resto del año —en especial las temperaturas nocturnas y la baja presencia de plagas y enfermedades— han perfilado lo que, según todos los indicios hasta ahora, apunta a ser un año muy exitoso.
Hoey menciona que las variaciones de temperatura entre el día y la noche fueron más moderadas este año, aun con el calor previo. Aunque en su huerto hubo más plagas, en los viñedos obtuvo una cosecha mucho más limpia de lo habitual. Considera que la menor incidencia de enfermedades favorecerá la calidad, aunque advierte que todavía es muy pronto para juzgar todos los vinos. Los tintos de más cuerpo, afirma, “aún están por verse”.

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